LOCOS Y ADICTOS
Héctor Adolfo Montoya Padilla, Septiembre 2008
Especialmente durante los últimos siete siglos puede apreciase una relación entre los adictos – los enfermos mentales – las mentes disidentes al sistema dominante y común a todos ellos, la represión de las instituciones dominantes.
La historia de occidente muestra como de un pensamiento de estructura “mágica” innato, pasó a un pensamiento lógico durante el periodo clásico, pero retornó al pensamiento mágico durante el “oscurantismo”, siendo este periodo un claro ejemplo de la relación arriba mencionada.
Durante el oscurantismo “nada se movía sin la voluntad de Dios”, pero hoy son evidentes la luchas que por el poder la iglesia estableció durante este periodo, tan solo hay que leer la vida de los Borgia, del Papa Alejandro VI y su hijo Cesar Borgia, “El príncipe” de Maquiavelo. Por lo tanto, en esta época se oscilaba entre un pensamiento Lógico-Maquiavélico para obtener el poder mediante intrigas, política, conveniencias y guerra, y el pensamiento Mágico-Paranoide, atribuyendo a lo sobrenatural todo fenómeno natural, y construyendo verdaderos delirios alrededor de leyendas angelicales o demoníacas (por ejemplo, ver: “El gran libro de San Cipriano, Manual del hechicero” en el cual se da forma –organigrama- a toda la “burocracia” de ángeles y demonios).
Pero, el pensamiento lógico y maquiavélico de los poderosos hizo uso de la creencia mágica de los menos poderosos para fortalecerse en el poder.
En el Siglo IV el Imperio Romano adopta al cristianismo como su religión oficial, convirtiéndose paulatinamente el cristianismo en el Estado, fusionándose. El Cristianismo imponía el pensamiento mágico a los súbditos pero sus acciones eran lógicas y calculadas. El cristianismo llenaba de terror a sus seguidores, pero en su interior reinaba la lucha por el poder en las que “los fines justificaban los medios” (nuevamente cito a Maquiavelo quien se inspiraba en el papa Alejandro VI y especialmente en sus hijos); por lo tanto, mientras la iglesia asume mediante toda forma de lucha el poder y amplia sus dominios, sume al occidente en el “oscurantismo” y en el pensamiento preclásico.
Sin embargo, un milenio después, la iglesia comienza a perder credibilidad pues se dan paulatinos descubrimientos geográficos, culturales y especialmente científicos, que comienzan a hacerla temer perder el poder. La palabra “herejía” se convierte en medio disuasivo para subyugar y arma para castigar, someter o eliminar. El peor enemigo: el libre pensamiento.
Para recuperar el poder y volver a sembrar el terror, la Iglesia funda la “Santa Inquisición”, institución que perseguiría, castigaría, subyugaría o asesinaría personas con trastornos en sus funciones mentales, ya sea por consumo de sustancias psicoactivas o enfermedad mental, también científicos y librepensadores.
La Santa Inquisición fue una institución judicial creada por el pontificado en la edad media, “con la misión de localizar, procesar y sentenciar a las personas culpables de herejía”. La Inquisición en sí no se constituyó hasta 1231, con los estatutos Excommunicamus del papa Gregorio IX. Con ellos el papa redujo la responsabilidad de los obispos en materia de ortodoxia, sometió a los inquisidores bajo la jurisdicción del pontificado, y estableció severos castigos. El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y a los dominicos, a causa de su mejor preparación teológica y su supuesto rechazo de las ambiciones mundanas.
Dos inquisidores con la misma autoridad —nombrados directamente por el Papa— eran los responsables de cada tribunal, con la ayuda de asistentes, notarios, policía y asesores.
Los inquisidores contaban con una especie de consejo, formado por clérigos y laicos, para que les ayudaran a dictar un veredicto. Les estaba permitido encarcelar testigos sobre los que recayera la sospecha de que estaban mintiendo. En 1252 el papa Inocencio IV, bajo la influencia del renacimiento del Derecho romano, autorizó la práctica de la tortura para extraer la verdad de los sospechosos.
Por lo tanto, muchos “locos”, locos – consumidores de SPA” y “librepensadores – consumidores de SPA” o sencillamente “librepensadores y científicos” fueron “ajusticiados” por la Santa inquisición ante la amenaza que ellos representaban para “el establecimiento”.
El colmo del cinismo y autoritarismo de la Santa inquisición fue el “capítulo” del Maellus Maleficarum. El papa Inocencio VIII nombró a los inquisidores Henry Kramer y James Sprenger para que escribieran un estudio completo utilizando toda la artillería académica de finales del siglo XV. Con citas exhautivas de las Escrituras y de eruditos antiguos y modernos, produjeron el Maellus Maleficarum, o "martillo de brujas", descrito con razón como uno de los documentos más aterradores de la historia humana. El acusado no tiene derechos. No tiene oportunidad de enfrentarse a los acusadores. Se presta poca atención a la posibilidad de que las acusaciones puedan hacerse con propósitos impíos: celos, por ejemplo, o venganza, o la avaricia de los inquisidores que rutinariamente confiscaban las propiedades de los acusados para su propio uso y disfrute. Su manual técnico para torturadores también incluye métodos de castigo diseñados para liberar los demonios del cuerpo de la víctima antes de que el proceso la mate. Durante la inquisición la iglesia sumó un elemento más: la misoginia. Por lo tanto si una mujer presentaba enfermedad mental, era libre pensadora, científica o consumidora de SPA con fines recreativos o experimentales, era considerada sencillamente bruja y rápidamente torturada y con alguna frecuencia ejecutada.
En los juicios a una “presunta bruja” no se admitían pruebas atenuantes o testigos de la defensa. En todo caso, era casi imposible para las brujas acusadas presentar buenas coartadas; las normas de las pruebas tenían un carácter especial. Por ejemplo, en más de un caso el marido atestiguó que su esposa estaba durmiendo en sus brazos en el preciso instante en que la acusaban de estar retozando con el diablo en un aquelarre de brujas; pero el arzobispo, pacientemente, explicó que un demonio había ocupado el lugar de la esposa. Las mujeres jóvenes y bellas eran enviadas forzosamente a la hoguera. Los elementos eróticos y misóginos eran fuertes como puede esperarse de una sociedad reprimida sexualmente, dominada por varones, con inquisidores procedentes de la clase de los curas, nominalmente célibes.
Sin embargo el renacimiento y la evidencia contundente de la arbitrariedad fueron quitando fuerza a la Iglesia y acabaron con la inquisición, condenada hoy en día como “una gran equivocación”.
Durante el siglo XX y durante el “pequeño renacimiento” que fueron los años 60s se presentaron, guardando las distancias”, situaciones semejantes. Concomitante con el desarrollo de la psiquiatría y el fortalecimiento de ésta, aparece el uso de las SPA como medio “científico, experimentador, recreativo”. La guerra del Vietnam hilvanado con fenómenos socio-políticos-familiares, el descubrimiento de la “píldora anticonceptiva” y la consiguiente “revolución sexual” llevan a que la juventud se vincule al fenómeno denominado “contracultura”, por lo que nuevamente quienes dominan el poder temen perderlo (pues quienes dominan el poder son “la Cultura” ) y desarrollan prácticas represivas para quienes consumen drogas, son críticos del sistema o librepensadores, desafortunadamente en muchos casos hicieron uso de la psiquiatría como medio para enfrentar el fenómeno, de tal manera que muchos librepensadores críticos de del sistema o pertenecientes a la contracultura, fueron señalados como “locos”, reprimidos, acallados y en muchos casos, encerrados.
Por lo tanto, el libre pensamiento, el consumo de sustancias psicoactivas, la locura y la sexualidad femenina siempre han sido entendidos como “peligrosas” para quienes dominan y hacen uso de los medios a su alcance para reprimir, ocultar, desvirtuar, ridiculizar, oprimir o encerrar estos fenómenos, situaciones o evoluciones. Pueden hacer uso del pensamiento mágico, como en el caso de la inquisición, o del positivismo, como en el caso de la psiquiatría usada por el estado.
HECTOR MONTOYA PADILLA, 2008
