martes, 12 de abril de 2011

KANT Y LA PRÁCTICA CLÍNICA EN PSIQUIATRÍA Y ADICCIONES

KANT Y LA PRÁCTICA CLÍNICA EN PSIQUIATRÍA Y ADICCIONES

Héctor Adolfo Montoya Padilla, Diciembre de 2010.

Ensayo presentado en La Mestría de Bioética
Pontificia Universidad Javeriana
Docente: Doctor GUILLERMO HOYOS

A medida que se va madurando en el ejercicio de la psiquiatría aparece el cuestionamiento sobre la ética con que se puede estar actuando, no en si se está actuando como alguien bueno o malo, sino la duda sobre el fundamento ético de los actos clínicos aceptados comúnmente.

Con mucha frecuencia el autor del presente ensayo, cumpliendo su deber como médico y psiquiatra, ha tenido que ordenar, y en ocasiones colaborar, en la inmovilización de personas, su encerramiento y la administración de medicamentos psicotrópicos contra el consentimiento del “enfermo”.

El actual estudio de Kant ha estructurado y fundamentado mucho mejor el sustento sobre el que se toman estas decisiones y ha concientizado sobre la importancia y gravedad de las mismas.

Para Kant la autonomía de la voluntad es la capacidad que tiene el sujeto para darse leyes a sí mismo, y ello sin ningún interés, ni propio ni ajeno (lo que haría que sus imperativos fueran condicionados y no mandatos propiamente morales). Es así como la moralidad consiste en la relación de toda acción con aquella legislación por la cual es posible un reino de fines. La necesidad práctica de obrar según el deber, no descansa en sentimientos, impulsos e inclinaciones, sino en solo en la relación de los seres racionales entre sí, relación en la que la voluntad de un ser racional debe considerarse al mismo tiempo legisladora. La autonomía de la voluntad es supremo principio de la moralidad. La heteronomía de la voluntad es origen de todos los principios ilegítimos de la moralidad. El principio de la autonomía no es más que elegir de tal manera que las máximas de la elección del querer mismo sean incluidas al mismo tiempo como leyes universales. Así mismo, Kant señala la dignidad de todo ser racional, dignidad que le corresponde por el hecho de que puede obedecer a una ley que él se da a sí mismo.

Como psiquiatra, el autor de este ensayo tenía tres principios que siempre ponía en práctica: “primero el paciente, segundo los colegas, tercero los directivos”. Ahora, después de cursar el seminario de Kant ha aparecido un nuevo principio, tal vez evidente pero no explicitado “la vida es sagrada”, pero “vida con dignidad y autonomía”.

En 1977 se expidió la Declaración de Hawai , guía ética para los psiquiatras del mundo entero, que reza en su artículo primero: “El objetivo de la psiquiatría consiste en promover la salud, así como el desarrollo y la autonomía personal. De acuerdo con lo mejor de su capacidad, así como los principios científicos y éticos aceptados, el psiquiatra servirá a los intereses del paciente, y también se preocupará por el bien común y la distribución justa de los recursos sanitarios”.

Por lo tanto, el que hacer del psiquiatra es –promover la autonomía personal-; y, como para Kant “la autonomía de la voluntad es la capacidad que tiene el sujeto para darse leyes a sí mismo, y ello sin ningún interés, ni propio ni ajeno”, por lo tanto es labor del psiquiatra promover que el paciente se dé “leyes a sí mismo y ello sin interés propio o ajeno”.

Es decir, una persona con Autonomía actúa libremente de acuerdo a su plan elegido responsablemente, en cambio la persona sin ella es controlada por otros o es incapaz de reflexionar y actuar en función a sus propios deseos o planes.

Por lo tanto, la labor del autor del presente ensayo es velar para que la persona atendida tenga Autonomía, con Dignidad y Respeto, dentro de un imperativo categórico: La vida es Sagrada.

Ahora bien, acercando la neurobiología a la bioética, puede considerarse el fundamento neurológico, para poder comprender y actuar de acuerdo a un plan elegido responsablemente, la corteza prefrontal y las áreas de asociación del pensamiento lógico. Una persona que sufre una enfermedad mental mayor, como psicosis, intoxicación aguda o crónica con hipofrontalidad, daño cognitivo, puede perder su capacidad de comprender sus actos y estructurar un plan responsable, en estos casos, por el principio de la beneficencia es obligación del psiquiatra devolver la autonomía al paciente mediante un tratamiento no consentido; desde luego, una vez el paciente recupere su autonomía podrá libremente decidir si continua o no siguiendo las indicaciones médicas.

El autor del presente ensayo, intentando comprender a Kant, considera que en una persona que presenta delirios , alucinaciones , o daños prefrontales, no es autónoma en muchas decisiones y en tal caso estaría permitido desde la bioética el tratamiento forzoso.

Cuando el psiquiatra decide obrar sobre la conducta de alguien mediante la fuerza, los químicos o la manipulación terapéutica, debe siempre tener en cuenta el Imperativo Categórico “Obra solo según aquella máxima que puedas querer que se convierta, al mismo tiempo en ley universal”.

Otro principio Kantiano que el autor resalta en su práctica diaria es el que dicta “Obra de tal modo que te relaciones con la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca solo como medio”. Aplicándolo no solamente a los pacientes, sino también a los colegas, estudiantes y personal paramédico.

El autor observa con mucha frecuencia como se ha perdido el trato humano en la relación médico-paciente y el usuario cada vez es más reducido a ser un instrumento, un número en los Rips y una factura para la institución. Consultas que duren 15 o 20 minutos difícilmente permitirán atender al paciente como un fin, solo será un instrumento masivo. Afortunadamente los psiquiatras en algunas instituciones hemos logrado que se nos respeten tiempos apropiados de consulta.

Así mismo, en la relación con los trabajadores, los estudiantes y los colegas se debe velar por el cumplimiento de este imperativo, es decir “que todos vivamos en el reino de los fines” y no utilizarlos o que no me utilicen como mero instrumento sin tener en cuenta su (o mi ) humanidad.

En conclusión, a veces el autor del presente documento se siente abrumado por el poder que la medicina puede tener en algunas situaciones. El conocer a Kant y aplicarlo en su labor diaria protege de los excesos y permite hacer un ejercicio de la medicina más ético.

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